La destrucción del hábitat, no su preservación, generalmente reduce el sufrimiento de los animales salvajes

Artículo original por Brian Tomasik

Yew-Kwang Ng (2016) propone modos de avanzar en la ciencia y en la práctica del bienestar animal, como la implementación de mejoras humanitarias para los animales de granja. Sin embargo, Ng está equivocado al considerar la preservación del medio ambiente como una medida de bienestar animal. Dado que la mayoría de los animales salvajes que nacen tienen experiencias netamente negativas, la desaparición de hábitats salvajes debería ser fomentada, en general, en lugar de oponerse a ella. Además, considerar cuál es nuestro impacto en los animales salvajes es esencial antes de que podamos llegar a conclusiones en otras áreas, como por ejemplo reducir o aumentar el consumo de carne. [toc]

Introducción

Ng (2016) asume que la protección medioambiental va de la mano con ayudar a los animales salvajes:
Si tenemos en cuenta el bienestar animal, incluso rebajando su relativa importancia a sólo el 1%, la deseabilidad del crecimiento de un medio ambiente hostil es muy dudosa. [… Además de la consideración del impacto en humanos,] La consideración adicional del bienestar animal refuerza aún más el caso en favor de una mayor conservación y contra la alteración del medio ambiente.
Esta es una postura común entre los defensores de los animales (por ejemplo, Bekoff 2013), y muchas organizaciones protectoras de animales incluyen como una de sus estrategias la conservación del hábitat (por ejemplo, Humane Society International (Australia) 2014).

La conservación del hábitat a menudo aumenta el sufrimiento

Desafortunadamente, la preservación del hábitat probablemente daña a los animales salvajes a la larga. Esto es así porque las vidas de la mayoría de los animales salvajes más pequeños no merecen la pena ser vividas. Como el propio Ng ha argumentado (1995), en la mayoría de las especies, las madres dan a luz a una gran cantidad de descendencia, la mayor parte de los cuales mueren dolorosamente antes de llegar a la edad adulta (ver también Hapgood 1979, Horta 2010, Mannino 2015). Como resultado de este hecho, Ng (1995) sostiene que los ecosistemas naturales “no están muy lejos de la maximización del sufrimiento” y eso puede hacer plausible asumir “que la economización evolutiva da como resultado un exceso de sufrimiento total sobre el disfrute total”. Es decir, la vida salvaje tiene bienestar neto negativo. Parece dudoso que los humanos vayan a ser capaces de mejorar notablemente las vidas de los animales salvajes, especialmente si la mayoría de la sintiencia en la naturaleza se da en forma de pequeños animales como mamíferos pequeños, peces e insectos, que son demasiado numerosos para poder controlarlos y cuidarlos. Así, nuestra mejor opción es reducir el número de animales salvajes que existen. Como explica Ng (1995):
Un individuo típico está destinado a morir de hambre, capturado o luchando por aparearse. Es difícil imaginar un bienestar positivo teniendo ese tipo de vida. […] De ahí se deduce que, si podemos reducir el número de individuos miserables, permaneciendo lo demás igual, podemos aumentar el nivel de bienestar global.
Oso pardo cazando peces en el ríoUna de las maneras más claras en que los humanos reducen la población de animales a largo plazo es mediante la reducción del crecimiento vegetal o eliminando por completo las áreas salvajes. Esto normalmente causa sufrimiento grave a corto plazo – como por ejemplo, los incendios forestales, la construcción de edificios sobre pantanos, o el pavimentado de campos para construir aparcamientos. Pero al reducir la población de animales salvajes durante décadas en el futuro, esta pérdida de hábitats también reduce significativamente el sufrimiento de los animales salvajes a largo plazo. No todas las formas de destrucción del medioambiente reducen tan claramente el sufrimiento en la naturaleza. Por ejemplo, aunque el cambio climático causará la desertificación de algunas zonas (Romm 2011) – y por tanto reducirá la población de animales salvajes— también puede hacer otros desiertos más verdes (Claussen et al. 2003). Y aunque la pesca reduce el número de peces de la especie objetivo de ésta, puede incrementar a veces la población de vida marina del nivel trófico inferior (Gascuel & Pauly 2009). Valorar el impacto total de cualquier política medioambiental requiere una evaluación detallada. Pero en conjunto, parece que la actividad humana reduce más que causa sufrimiento a los animales salvajes. McLellan et al. (2014) descubrió que “en término medio, las poblaciones de especies vertebradas son la mitad de lo que eran hace 40 años”. Dirzo et al. (2014) encontró una tendencia similar en los invertebrados: un índice mundial acerca de la cantidad de invertebrados mostró una media de 45% menos que en los últimos 40 años.

El impacto incierto de la producción de carne

Un análisis más a fondo sobre el sufrimiento de los animales salvajes es crucial para poder desarrollar nuestro trabajo para ayudar a los animales. Por ejemplo, Ng (2016), comprensiblemente asume que reducir el consumo de carne ayuda a los animales a fin de cuentas:
Además, al menos en la economía desarrollada, el consumo de carne es insanamente excesivo. De este modo, el incremento de los precios en la carne sería beneficioso para los consumidores, al incentivarlos a consumirla en menor cantidad. En otras palabras, mejorar el bienestar animal bien podría tener un coste negativo en cuanto al bienestar de los humanos!
Sin embargo, la producción de carne se encuentra también entre "una de las dos o tres causas principales que contribuyen a los problemas ambientales más graves, a todas las escalas desde la local a la global" (Steinfeld et al. 2006). Por ejemplo, el terreno de pasto para el ganado ocupa el “26 por ciento de la superficie terrestre no congelada”(Steinfeld et a. 2006). Aunque aún es necesario realizar un recuento completo del impacto negativo y positivo de la ganadería, hay, al menos, una fuerte posibilidad de que la producción de carne, especialmente la vacuna, prevenga a largo plazo el sufrimiento neto de los animales salvajes (Shulman 2013), y teniendo en cuenta el gran número de animales salvajes que existe, esta consideración podría empequeñecer la agonía directa que los animales sufren en las granjas y en los mataderos. Así que no tenemos más opción que afrontar la cuestión de los animales salvajes para encaminar apropiadamente nuestro activismo por el bien de los animales. Una posible excepción es hacer presión para medidas de bienestar animal que no cambien de forma apreciable el impacto de la humanidad en el medio ambiente, como mejorar las condiciones de los animales de laboratorio o reducir la incidencia de las abominables chapuzas en el sacrificio de ganado. En consecuencia, contra la respuesta de Leadbeater (2016) a Ng (2016), “una jaula más grande puede ser un cambio claramente más positivo para los animales que la eliminación completa de la ganadería industrial.”

¿Deberíamos ser extremadamente cautelosos sobre la intervención?

Ng (1995) aconseja “extremada precaución antes de hacer algo que pueda perturbar la bioesfera”. En una entrevista (Carpendale 2015), Ng desarrolló que él “no está a favor de la destrucción, ya que cree que, a largo plazo, podremos ayudar a los animales a reducir su sufrimiento”, así como ampliar la felicidad mediante biotecnología. Pero tengo dudas sobre si las vidas de la mayoría de los animales salvajes – especialmente las criaturas marinas pequeñas y los insectos – pueden ser drásticamente mejoradas sin tecnología milagrosa. Y si el ser humano desarrolla una superinteligencia artificial capaz de microgestionar la bioesfera, probablemente volverá irrelevante a la vida biológica en lo referente a la cantidad de felicidad y sufrimiento que podrían ser creados en mentes digitales (Blackford & Broderick, Eds. 2014), que a largo plazo no requerirán bioesfera para sobrevivir. Además, mientras que la aceptación del sufrimiento masivo a corto plazo a cambio de la oportunidad de una felicidad mucho mayor a largo plazo puede ser consistente con la postura utilitarista clásica de Ng (Ng 1990), muchos puntos de vista éticos consideran erróneo dejar sufrir a seres a corto plazo a cambio de crear una gran cantidad de nuevos seres felices en un futuro lejano. Por ejemplo, Wolf (2004) sugiere el siguiente principio en el caso de humanos, aunque puede ser extendido a todos los animales:
Si la gente está sufriendo, es pobre o remediablemente miserable no es apropiado traer más gente feliz al mundo para contrarrestar su desventaja.
Mucha gente está de acuerdo de forma intuitiva en que está mal crear seres que vayan a tener vidas negativas pero no con fallar a la hora de crear seres que vayan a experimentar vidas positivas. (McMahan 1981, Benatar 2008). De acuerdo con esta “asimetría”, probablemente deberíamos prevenir el sufrimiento de los animales salvajes, ya que la posible pérdida de hipotética felicidad en un futuro lejano es moralmente menos importante que evitar vidas miserables en un futuro cercano. Y por supuesto, también es posible que el sufrimiento de los animales salvajes no sea reducido ni siquiera aumentado en el futuro lejano. (Tomasik 2015).

Conclusión

Aquellas personas que dan un peso moral significativo a la prevención del sufrimiento o que mantienen predicciones pesimistas acerca del futuro deberían tender a preferir, en lugar de lamentar, la pérdida de hábitat. Debemos continuar investigando los efectos de las políticas medioambientales en el sufrimiento de los animales salvajes sin miedo a las conclusiones que a menudo pueden resultar desagradables o impopulares.

Sobre este artículo

Esta pieza fue originalmente enviada pero no publicada por la revista Animal Sentience como comentario a Ng (2016).

Referencias

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Traducción por Patricia Pérez.

Patricia Perez