¿El vegetarianismo cambia algo?


Artículo original por Brian Tomasik. 




A veces la gente coincide en que la producción de carne daña a los animales, pero dice que su propio consumo individual de carne no marcará diferencia alguna en comparación con las decisiones de las escalas de producción que toman las compañías cárnicas. De hecho, es cierto que es improbable que cualquier individuo marque una gran diferencia, y el valor esperado calcula que evitar comerse a un pollo o un pez se traduce aproximadamente en un pollo o pez menos creciendo y siendo asesinado, ignorando factores de elasticidad menores. A veces los efectos sociales de ser vegetariana son también muy significativos.


  • ·         1. Resumen
  • ·         2. “Mi consumo no cambia nada”
  • ·         3. Un hipotético sistema de abastecimiento de supermercados
  • ·         4. Un informe de primera mano
  • ·         5. Afectando a grandes granjas
  • ·         6. Alimentos diferentes importan de manera diferente
  • ·         7. Situaciones especiales
  • ·         8. Los efectos sociales son importantes
  • ·         9. Enlaces
  • ·         10. Posdata: ¿Qué hay de la carne humanitaria?


“Mi consumo no marca ninguna diferencia”

De vez en cuando la gente dice que no es importante para ella hacerse vegetariana personalmente porque su consumo individual es tan pequeño que no tendría relevancia en el contexto de las cosas. Exploremos esta idea más a fondo.
Todo el mundo en el debate coincide en que, en algún momento, un descenso sustancial en la demanda de carne – por ejemplo, la conversión al vegetarianismo de la mitad de la población de EEUU – disminuiría la cantidad abastecida de animales en granjas.
“Eso es genial”, argumenta la opositora del vegetarianismo, “pero no tiene que ver con los hábitos de consumo individuales. Las únicas decisiones que realmente afectarán a la suma de sufrimiento animal son las elecciones de inversión masiva: si construir una nueva granja industrial o ampliar un gallinero colosal. Una consumidora no puede ni siquiera cambiar las compras al por mayor que cada tienda de alimentación individual o restaurante haga, mucho menos la demanda colectiva que todos esos minoristas ejercen.  Así que puedo seguir comiendo carne sin crear demanda para la producción de más animales. Una cierta cantidad de carne será producida sea yo vegetariana o no, así que ¿por qué no debería al menos subsistir con esos excesos sobrantes, en lugar de dejarlos estropearse? Las siguientes secciones contestan a este argumento.


Un hipotético sistema de abastecimiento de supermercados

Supón que un supermercado compra actualmente tres cajas grandes semanales de pollos de ganadería industrial, de las que cada caja contiene a 25 aves. La tienda no compra fracciones de cajas, por lo que aun sobrando varias gallinas cada semana, el supermercado seguirá comprando tres cajas. Esto es a lo que se refiere la anti-vegetariana con “subsistir con los excesos de productos animales que de otra se echarían a perder”: las tres cajas son compradas de todos modos, por lo que consumir un pollo o dos más simplemente atenúa el exceso.
¿Qué pasaría, sin embargo, si 25 clientes decidiesen comprar tempeh o alubias en lugar de pollos? La agente compradora que cada semana pide cajas de gallinas seguramente compraría dos cajas en vez de tres. Pero ninguna de esas consumidoras puede saber a cuánto está la tienda de ese tope entre las tres y las dos cajas. La probabilidad de que cualquiera de esos pollos sea el pollo que provoque que se compren dos cajas en lugar de tres es de 1/25. Si evitas el pollo que marca el tope, evitas que una caja entera -25 gallinas- sea encargada la semana siguiente. Por consiguiente, el valor esperado de cualquiera de esos pollos es de (1/25) * 25=1 pollo, tal y como sugeriría el sentido común.
La misma lógica se aplica al revés a la excusa de “subsistir con el exceso”. La crítica al vegetarianismo afirma que el supermercado compraría tres cajas de pollos cada semana de todos modos, independientemente de que él compre una y disminuya el desperdicio de excesos de la tienda de, digamos, 8 a 7. Pero en algún momento –a un nivel mínimo de exceso o déficit- la agente compradora de la tienda escogerá comprar cuatro cajas en lugar de tres. Como antes, ninguna consumidora individual tiene forma de saber qué número de pollos resulta estar comprando. El valor esperado es nuevamente (1/25) * 25=1 pollo.
Por supuesto, los valores esperados exactos fluctuarán debido a la aleatoriedad de las decisiones de la agente compradora (si, por ejemplo, no comprase una caja menos hasta que 35 consumidoras menos solicitasen pollo, incluso aunque cada caja solo incluya a 25 pollos), pero deberían igualarse a largo plazo de modo tal que se espere que abstenerse de la compra de cualquier cantidad de producto animal reduzca la compra al por mayor de esa cantidad del producto. Especialmente en la era del seguimiento electrónico de las compras, deberíamos esperar que estas decisiones se tomen con bastante precisión.


Un informe de primera mano

En un comentario sobre este argumento, Chris Sea dijo:
Este debate es innecesariamente complicado. Cualquiera que haya trabajado en una tienda de comestibles –aunque pequeña- te dirá que tienen un sistema bastante bueno para evitar desperdiciar la carne excedente. A veces la fastidian y acaban tirando frutas y vegetales pero muy raramente tiran carne o productos lácteos. En un año trabajando en una tienda de comestibles, pasó una vez.
Hay un incentivo económico de no ordenar excesivos productos y no guardar el inventario por largos periodos. Que alguien se hiciese vegano se notaría. Tal vez no por aquellos que hacen el trabajo, pero la cantidad de carne solicitada sería reducida.


Afectando a granjas grandes

La misma lógica del valor esperado se aplica también al resto de la cadena de demanda: A un gran número de cajas menos pedidas por las tiendas, los distribuidores comprarán menos alitas de pollo de las granjas, y esa demanda reducida limitará, en algún momento, la producción. Al final, la probabilidad de que cualquier consumidora impacte a la producción animal es minúscula, pero los beneficios si lo hace son inmensos. Además, el valor esperado de abstenerse de la compra de cualquier cantidad es aproximadamente equivalente a prevenir la producción de la porción de un animal que el producto represente. (Esto ignora algunas consideraciones sobre la elasticidad del precio de la carne, pero estas son bastante secundarias.)
Es completamente posible (tal vez incluso probable) que una vegetariana pase así toda su vida y nunca, no comprando productos animales de ganadería industrial, haya evitado realmente algún sufrimiento animal disminuyendo la producción. Pero ya que no tiene manera de saber cuándo se tratará de la compra especial que ocasione la reducción de la demanda significativa, debe actuar como si cualquier compra contase. Y por lo que sí sabe, sería igual de fácil que fuese una consumidora que tuviese más que su parte de impacto en la demanda de productos de ganadería industrial.


Alimentos diferentes importan de manera diferente

Las cantidades reales previstas de sufrimiento prevenido varían ampliamente según el tipo de producto animal evitado. Evitar la compra de un pollo previene aproximadamente seis semanas de sufrimiento directo a un pollo bróiler. Evitar la compra de una docena de huevos previene directamente poco más de 12 días de sufrimiento a una gallina en jaula de batería (sin tener en cuenta el sufrimiento de pollitos macho triturados). Evitar la compra de un cartón de leche de medio galón (1,89 litros) previene entre 2,3 y 2,8 horas de sufrimiento para una vaca lechera, ignorando el efecto sobre su ternero (esto da por sentado que una vaca produce entre 20 y 30 litros de leche al día). Para ver más, mira "How Much Direct Suffering is Caused by Various Animal Foods?"


Situaciones especiales

Mientras que el mecanismo descrito anteriormente para el impacto del vegetarianismo se aplica a la mayoría de casos, hay algunas situaciones en las que es más improbable que los beneficios de la reducción de la demanda al abstenerse de los productos animales se materialicen. El ejemplo más notable sería una fiesta o un picnic en que –a pesar de los mejores esfuerzos de una- la gente hubiese llevado perritos calientes y hamburguesas. Las decisiones de compra de un supermercado pueden ser imprecisas y a veces arbitrarias, pero serán eventualmente afectadas si la demanda cambia en una gran cantidad. No puede decirse lo mismo de aquellos que compran artículos para un picnic. En general, la clienta comprará alguna cantidad sobreestimada de comida de antemano, independientemente de cuánta gente consuma realmente esos comestibles en el evento. Y mientras que una tienda que compre demasiado producto mantendrá registros electrónicos y cambiará su comportamiento la próxima vez, la gente que compre comida para un picnic probablemente no lo hará, a excepción de quizás en forma confusa a través de sus modelos mentales de cantidades de consumo. Así que es algo menos probable que la decisión de una de comer o abstenerse de comer un producto animal de ganadería industrial en un encuentro social informal marque una diferencia a la cantidad de comida que la organizadora compre la vez siguiente. (Tal vez la mejor manera de limitar el daño hecho por un picnic sea pedirle a la compradora la próxima vez que compre menos carne.)
Debería añadir, de todos modos, que en la medida en que las no vegetarianas se lleven a casa y consuman las sobras de un evento social, reducirían así la cantidad de comida que compren en el futuro, incluyendo productos cárnicos. De hecho, este efecto puede ser en ocasiones cierto incluso para las sobras sin carne. La lección es, pues: Si tienes sobras, dáselas a la persona que más probablemente vaya a comprar carne para sus propios almuerzos. La situación puede diferir si, al llevarte tú las sobras, ahorras dinero que puedas después donar para prevenir sufrimiento de otras formas.


Los efectos sociales son importantes

Incluso aunque consumir un sándwich de pollo en un picnic seguramente no cambiaría la cantidad directa de carne adquirida, aún habría otras buenas razones para no hacerlo.
·         Puede que la gente no perciba el exhaustivo razonamiento presentado arriba y por lo tanto vea contradictorio el consumo de un sándwich de pollo por parte de una vegetariana. Este malentendido podría disminuir el respecto que las otras tienen por la vegetariana en particular y por la causa del vegetarianismo en general. Quizás la vegetariana estaría mostrando sin querer lo difícil que es de mantener su dieta, y por consiguiente desalentando a otras de intentarlo.
·         Evitar los productos animales puede hacer surgir el tema de la ganadería industrial. Esto, por supuesto, es una de las consecuencias más importantes de ser vegetariana en cualquier contexto. El vegetarianismo es un meme conveniente en cuanto a que él mismo surge para el debate cada vez que las comidas sociales entran en juego. Los buenos debates –combinados con el intercambio bibliográfico o posterior investigación que puedan seguirles- tienen el potencial de cambiar permanentemente los hábitos alimenticios de otras personas. De hecho, el mismo Peter Singer, quien podría decirse que ha hecho más por los animales que cualquier otra humana en la historia, fue motivado a pensar sobre el tema del sufrimiento animal a través de conversaciones en el almuerzo con una amistad vegetariana en la Universidad de Oxford.


Enlaces


Posdata: ¿Qué hay de la carne humanitaria?

Se ha escrito mucho respecto a si la carne humanitaria es éticamente aceptable. No volveré a tocar aquí la mayoría de argumentos pero sí diré algunas cosas:
·         Depende mucho del tipo de etiqueta que estés buscando. Algunas son totalmente falsas, mientras que otras son bastante legítimas. “The Truth Behind the Labels” de Farm Sanctuary hace un excelente trabajo revisando lo que distintas etiquetas realmente significan.
·         No estoy seguro de que la carne humanitaria, especialmente de pollo, sea realmente más humanitaria. La matanza parece probablemente más dolorosa en las granjas pequeñas porque carecen de maquinaria increíble. Y para un pollo bróiler de seis semanas de vida, el dolor de la matanza conlleva una fracción significativa de sufrimiento total.
·         El hecho en sí de comer animales puede predisponer a la gente para pensar en ellos como menos importantes, por la naturaleza de la relación creada. De forma similar, incluso si se ofreciesen excelentes condiciones de vida a las esclavas humanas, podríamos no conceder a tales personas el mismo peso moral que les otorgamos cuando no son esclavas. Por el otro lado, las veganas tienden a ser excesivamente ideológicas y defensoras de la preservación de lo salvaje, mientras que bienestaristas racionales por los animales pueden ser más abiertas a la evidencia en cuestiones legislativas importantes.




Traducido por Alejandra Ainara Hernando.

Alejandra Ainara Hernando