Sobre el derecho de los depredadores a vivir



Artículo original por David Olivier. 




¿Sería matar al león para así salvar a las gacelas lo más ético? La idea de que oponerse a la depredación significa matar a los leones suele sernos arrojada como una reductio ad absurdum cuando planteamos problemas del sufrimiento de los animales salvajes. Y a menudo retrocedemos, y explicamos que preferiríamos favorecer otros medios más ¿amables?, como alimentar a los leones con alimentos preparados veganos especiales, o progresivamente alterar sus genes (a través de “impulsos genéticos” (‘gene drives), por ejemplo) de tal manera que dejen de necesitar o querer matar, o eliminar gradualmente su existencia a través de la esterilización. Pero no queremos matar a los leones. ¡Menudos activistas por los animales seríamos, si defendiésemos matarlos!



Esto es a pesar de la simple observación de que un león mata a un gran número de animales diferentes durante su existencia. No matando a un león, mataremos a muchas gacelas. Desde un punto de vista consecuencialista, parecería mejor matar a un león que matar (indirectamente) a todos los otros animales; y mejor hacerlo inmediatamente, antes que depender de soluciones más a largo plazo. 

Las cosas se pueden complicar más debido a otras consecuencias que podrían (o no) derivar, como la sobrepoblación de gacelas. A tales conflictos deberíamos dirigirnos como algo aparte. Se mantiene que estamos fuertemente cohibidos ante la propia idea de matar a los leones, independientemente de cualquier consecuencia indirecta. Creo que esas inhibiciones son infundadas, y son resultado de la forma diferente en que describimos por un lado la situación en el caso de la depredación, y por el otro las interacciones humanas sobre el resto.

Es reconocido, por lo general, que todos los humanos tienen derecho a la vida. Pero este es más bien un derecho fundamental, no un derecho legal.

La distinción entre derechos legales y derechos fundamentales es importante. Un derecho fundamental es, por ejemplo, el de casarse. Este supone que eres libre de contraer matrimonio, si quieres y puedes, pero la sociedad no tiene obligación alguna de buscarte un cónyuge si no puedes encontrarlo tú mismo. No puedes exigir que se cumpla tu derecho.

Los libertarios suelen reconocer la mayoría de derechos fundamentales. En su opinión, tu derecho a la vida supone que nadie puede matarte. No significa que la sociedad deba procurarte comida si estás muriendo de hambre, o antibióticos si tienes una infección curable pero mortal y eres demasiado pobre para pagarlos. Libertarios como Ron Paul creen que sería correcto dejar a alguien morir (mire este vídeo). Creen que dejar morir a una persona no es lo mismo que matarla.

Para la mayoría de personas que no son libertarias, de todos modos, el derecho a la vida es en cierto modo un derecho legal, en el sentido de que deberías recibir comida o antibióticos si los necesitas. Dirían que no proporcionarlos es asesinato. En cualquier caso, esto es lo que yo señalo: incluso para los no libertarios, el derecho a la vida solo es un derecho legal hasta cierto punto. Si necesitas un transplante de corazón para mantenerte vivo, nadie está obligado a donar su corazón y por consiguiente su vida; ni siquiera a donar un solo riñón, lo cual no es letal. Si te niegas a donar tu riñón, nadie dirá que has matado. Se ve como un acto de dejar morir, no de matar.

Ahora volvemos a los leones y las gacelas. Todos tienen derecho a la vida. Si consideramos su derecho a la vida del mismo modo en que lo hacemos normalmente con los humanos, este es un derecho fundamental, y solo en sentido limitado uno legal. El león debería recibir antibióticos si eso es lo que necesitase para estar vivo. Pero ¿puede un león demandar que la gacela tenga que donar sus órganos?, de hecho, ¿todo su cuerpo?, ¿para satisfacer su derecho a la vida? No veo cómo podría ser así. Aplicando los valores morales que aplicamos para los humanos, no deberíamos matar a los leones; sin embargo, no deberíamos dejarles comer a las gacelas. Si no pueden sobrevivir sin comer a las gacelas, morirán. Pero eso no significa que los hayamos matado, sino que sencillamente los habremos dejado morir.

Cuando se nos acusa de querer matar a los leones, tal vez deberíamos contestar que si no hay otra opción, como comida vegana para leones, entonces no deberíamos matar a los leones, sino dejarles morir. Dejarles comerse a las gacelas no es una opción; las gacelas no son suyas para que se las coman.

La razón por la que normalmente no vemos así las cosas es, creo, resultado de un prejuicio del statu quo. Parece normal que el león debería comerse a la gacela. Por el contrario, no está en el statu quo, y por eso no es considerado normal, que un humano extraiga los órganos de otro. Pero ¿y si los leones hubieran sido previamente herbívoros, y de repente, tal vez como resultado de algún virus, se hubiesen vuelto carnívoros y ahora necesitasen la carne de las gacelas para sobrevivir? ¿Serían de repente suyas las gacelas? ¿Por qué habrían de serlo?



Podría objetarse a esta postura que sería más humano matar al león que dejarlo morir de hambre lentamente. Muy probablemente sea cierto, en cuyo caso la eutanasia sería la decisión correcta. Comparémoslo con el caso de, digamos, un gato doméstico que está falleciendo debido a un fallo cardíaco, pero que podría ser salvado si sacrificásemos a otro gato y le arrancásemos el corazón. Si en algún momento decidimos acabar con el sufrimiento del gato, lo llamaremos muerte piadosa. No diremos que matamos al gato por no darle el corazón de otro gato.

Este debate podría parecer puramente abstracto; no estamos, de momento, apoyando el implemento de comida vegana para leones o la prevención de los depredadores. Probablemente sea mejor, estratégicamente, centrarnos en la depredación ejercida por los humanos, que deriva del consumo de carne. De todos modos, cómo vemos la depredación, y sus hipotéticas soluciones, no es algo que carezca de consecuencias. Tiene un profundo valor simbólico, creo, afirmar que sería justificable prevenir la depredación, incluso aun costando la vida del depredador. También puede permitirnos sentirnos mejor acerca de las limitadas intervenciones que podemos realizar en la naturaleza, en las cuales por ejemplo protegemos a un ratón de un búho. Podemos sentirnos incómodos, preguntándonos si en el sentido kantiano podríamos desear que la máxima de nuestros actos fuese universalizada, lo que implicaría que el búho moriría. Aceptar que sí, que podemos desear la universalización de tal máxima, puede facilitarnos la actuación.




Artículo original por David Olivier. 


Traducido por Alejandra Ainara Hernando.

Alejandra Ainara Hernando