Por qué a los veganos les debería importar el sufrimiento en la naturaleza

Artículo original por Brian Tomasik. 


Se suele asumir que lo derechos animales y el ambientalismo van de la mano. Sin embargo, una gran desavenencia entre ambas filosofías surge del problema del sufrimiento animal en la naturaleza. Mientras que los ambientalistas comúnmente desean dejar las zonas salvajes intactas, los defensores de los animales deberían apoyar la investigación de si hay maneras para reducir los daños que los animales salvajes padecen. Dado que es plausible que el sufrimiento predomine sobre la felicidad entre los más diminutos y numerosos animales salvajes, la humanidad debería pensárselo dos veces antes de llevar la vida salvaje a nuevas esferas.  



  • 1. Resumen
  • 2. Introducción
  • 3. Ambientalismo vs. Derechos animales
  • 4. “Natural” no significa “bueno”
  • 5. ¿No es inevitable que afectemos al sufrimiento de los animales salvajes?
  • 6. Más lecturas

Introducción

De niño, me encantaba ver documentales de la naturaleza. Me parecían particularmente emocionantes las escenas en que los depredadores cazaban a sus presas. Me entristeció enterarme de que los humanos estaban reduciendo los hábitats salvajes, ya que yo consideraba a la naturaleza bella y delicada. De adolescente, escribí cartas al Congreso en defensa de preservar varias áreas salvajes. Pensé que me convertiría en un activista ambientalista, porque creía que la conservación del medio era lo más efectivo para ayudar a las futuras generaciones de personas.

Más tarde, en 2005, me informé sobre derechos animales, y todo cambió.
Al principio, pensé que la preocupación por los animales iba de la mano del ecologismo. Uno de los primeros libros que leí sobre liberación animal fue Practical Ethics, de Peter Singer, que no solo se opone al especismo, sino que también defiende la preservación ecológica. La mayoría de veganos son ambientalistas y frecuentemente emplean argumentos ambientalistas en favor de la reducción del consumo de carne. Parecía natural que los humanos debían dejar de dañar a animales mediante la destrucción de hábitats. Y, pensaba, ya que la felicidad animal importa por sí misma, destruir hábitats es una gran pérdida de posible alegría de animales salvajes que podrían haber existido. Creía que mi nueva preocupación por los animales no hacía más que reforzar mi ambientalismo previo.

Ecologismo vs. Derechos animales

Unos meses después de darme cuenta de que los animales merecían consideración ética, comencé a ver contradicciones entre los derechos animales y el ambientalismo. Algunas de las diferencias entre las dos ideologías son muy conocidas.  Un ejemplo típico es la caza de superpoblaciones de ciervos, que generalmente los ambientalistas apoyan pero los activistas por los derechos animales rechazan.

De todas maneras, el problema más significante era el extendido sufrimiento de los animales salvajes. Los ambientalistas aprecian los balances ecológicos entre presas, depredadores, parásitos, y patógenos. Pero, si tenemos una fuerte empatía por los animales individualmente, nos damos cuenta de lo horrible que debe sentirse ser devorado vivo, morir de malnutrición, o sucumbir a un virus fatal. Correctamente nos oponemos a males humanos como el VIH o las muertes humanas por desastres naturales, incluso a pesar de que la superpoblación humana sea una de las mayores causas de destrucción ambiental. Así que, ¿por qué la doble moral cuando se trata de enfermedades o desastres que conciernen a los animales salvajes?
Los humanos, ya incluso en los tiempos de cazadores y recolectores, vivían vidas muy buenas en comparación con la mayoría de animales: una fracción decente de bebés alcanzaban la edad adulta; los riesgos de ser depredados eran relativamente bajos; y la esperanza de vida se medía en décadas, permitiendo largos periodos de vida antes de que los individuos afrontasen el dolor de la muerte.

Lamentablemente, la mayoría de los animales no tienen tanta suerte. En muchas especies, los individuos adultos no viven más que unos pocos años. Una madre suele dar a luz a grandes cifras de descendencia, de la cual en una población estable toda, a excepción de dos aproximadamente, morirá antes de reproducirse. Los animales que se encuentran más abajo en la cadena alimenticia deben permanecer en alerta frecuentemente, atentos al peligro. Y las peleas con los depredadores tienen el potencial de ocasionar daño psicológico permanente análogo al trastorno de estrés postraumático.

La situación es peor para aquellos animales que son más numerosos: pequeños peces, insectos, etc. Los insectos adultos suelen vivir como mucho unos pocos meses, y cada madre da a luz a decenas o centenas de crías. Generalmente un bebé insecto vivirá tan solo unos pocos días o semanas antes de morir, posiblemente de manera extremadamente dolorosa, por depredación, canibalismo, parásitos o clima duro.

Una vez me di cuenta de estos puntos, dejé de confiar tanto en que los animales salvajes experimentasen más felicidad que sufrimiento en balance. De hecho, concluí que lo contrario era probablemente cierto. Como Yew-Kwang Ng señaló en un artículo: la naturaleza es “evolutiva economizando los resultados en el exceso de sufrimiento total sobre felicidad total”. Esto sembró dudas acerca de mis previos esfuerzos medioambientales. En los años anteriores en los que estuve defendiendo la preservación de hábitats, podría incluso haber incrementado el sufrimiento.

“Natural” no significa “bueno".

Muchos veganos se oponen al asesinato de animales por humanos pero aceptan que unos animales maten a otros animales en estado salvaje. Por ejemplo, Mark Bekoff está “en contra de la caza, especialmente a manos de personas que no necesitan la comida”, pero también apoya la reintroducción de depredadores: “necesitamos hacer hueco para los lobos y otros carnívoros autóctonos que están recolonizando áreas de las que fueron extirpados”.
De acuerdo con esta lógica, que un humano se coma a un pez está mal, pero que un pingüino coma varias libras de pescado al día es aceptable. Que los humanos cacen ciervos está mal, pero que lo hagan los lobos es aceptable. Sin embargo, para el pez y el ciervo, ser cazado es algo horrible, independientemente de quién sea el cazador. (De hecho, ser despedazado por los lobos podría doler más que ser disparado.)

Una respuesta frecuente es que la depredación en la naturaleza es diferente de la caza humana porque los depredadores necesitan carne para sobrevivir. Como Katelynn Chambers dijo: “una comparación entre leones comiendo a gacelas y humanos comiendo animales es muy débil. Todo este debate es acerca de comer animales SIN necesidad. Los leones NECESITAN comer gacelas. Si no lo hiciesen, básicamente morirían.” Pero no aplicamos la misma lógica en casos humanos. Supón que un león hambriento estuviese atacando a un humano. ¿Nos mantendríamos al margen solo porque el león necesitase comida?

El conflicto entre el derecho de un depredador al alimento y el derecho de una presa a no ser comida no es de uno contra uno: el lobo promedio mata a cerca de 20 ciervos al año. Arthur Schopenhauer reconoció la asimetría entre los intereses de depredador y presa cuando escribió:
El placer en este mundo, se ha dicho, pesa más que la pena; o, en todo caso, hay un balance igualado entre los dos. Si el lector desea ver brevemente si esta declaración es cierta, permítase comparar los respectivos sentimientos de dos animales, uno de los cuales está implicado en comerse al otro.
(Esta cita no debería ser interpretada literalmente, ya que olvida mencionar que las presas también disfrutan partes de sus vidas previamente a la muerte.)

Mucha gente implícita o explícitamente cree que lo que es natural es bueno. Los veganos rechazan este marco moral cuando se utiliza para defender el omnivorismo bajo el argumento de que los humanos son naturalmente omnívoros. Sin embargo algunos defensores de los animales no son tan rápidos en rechazar la apelación a la naturaleza cuando se trata del sufrimiento de los animales salvajes. Por ejemplo, para explicar por qué PETA no critica la depredación de los leones, una persona dijo: “[La ganadería industrial] no es natural. Que los leones coman gacelas es natural.” Otro repitió: “Los leones lo hacen por supervivencia y es natural”.

Pero la naturaleza no es perfeccionada para la compasión; es mejorada por las frías, duras fuerzas de la evolución. Como nota Richard Dawkins: “El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que deberíamos esperar si no hay, en el fondo, propósito, ni mal, ni bien, nada más que ciega e indespiadada indiferencia.” Antes que buscar simplemente preservar las brutalidades de la naturaleza como defensores del medio ambiente, deberíamos estudiar cómo las distintas medidas ecológicas afectan al bienestar de los animales salvajes y dar más apoyo a aquellos que esperamos, tras una cauta investigación, que reduzcan el sufrimiento de los animales salvajes.

¿Somos incapaces de actuar sobre el sufrimiento de los animales salvajes?

Peter Singer ha manifestado escepticismo acerca de cambiar la naturaleza para ayudar a los animales salvajes: “por propósitos prácticos estoy bastante seguro, a juzgar por el pasado récord del hombre en intentos de modificar la naturaleza por sus propios intereses, de que si interviniésemos en la vida salvaje lo más probable que haríamos sería incrementar el sufrimiento, más que reducirlo.” Pero si, como parece plausible, la vida salvaje contiene más sufrimiento que felicidad, entonces esa afirmación es incorrecta, pues la apropiación humana de los hábitats de animales salvajes probablemente ha reducido el sufrimiento de los animales salvajes, incluso sin que los humanos lo hayan buscado. De acuerdo con un Informe Planeta Vivo de 2014: “las poblaciones animales difícilmente alcanzan la mitad del tamaño que tenían [...] hace 40 años.” Y una tendencia similar parece cumplirse en los invertebrados.

Hay razones para preocuparse por los impactos ecológicos de la humanidad. Por ejemplo, el cambio climático incrementará la probabilidad de inestabilidad global y conflictos bélicos en las décadas próximas, que no solo dañarán a los humanos a corto plazo sino que también podrían ocasionar peores resultados duraderos para el futuro lejano de la vida sintiente. Es importante hacer el balance entre valores conflictivos cuando se trata de tomar decisiones medioambientales. Sin embargo deberíamos como mínimo considerar el sufrimiento de los animales salvajes, en lugar de enfocarnos exclusivamente en problemas humanos o simplemente asumir que los animales salvajes tienen vidas generalmente buenas.

Billones de vertebrados salvajes y cuatrillones de invertebrados salvajes están sufriendo ahora mismo alrededor del planeta. Esta es una tragedia urgente, pero lamentablemente no es el peor de los casos. Algunos futuristas han propuesto extender la vida salvaje a otros planetas, por vías tales como la terraformación o la panspermia dirigida. Otros conciben poner en marcha inmensas cifras de realidades simuladas en el futuro, que podrían contener amplias poblaciones de animales salvajes u otras criaturas sintientes. Normalmente, poca importancia se da a las experiencias subjetivas a las que estos animales se enfrentarían. La manera más fácil e importante en que podemos reducir el sufrimiento de los animales salvajes es evitar extenderlo.

Investigadores religiosos se han preguntado a lo largo de la historia: ¿por qué permitió Dios tanto sufrimiento en la naturaleza? Si extendemos la vida salvaje a nuevos terrenos, seremos nosotros quienes tengan que contestar a esa pregunta.

Más lecturas


Traducido por Alejandra Ainara Hernando.

Alejandra Ainara Hernando