Por qué a la mayoría de las personas no les importa el sufrimiento de los animales salvajes


Artículo original por Ben Davidow. 



Varias intuiciones frenan a las personas de considerar el sufrimiento de los animales salvajes tan seriamente como deberían, entre ellas el prejuicio del statu quo, la hipótesis del mundo justo, y la falta de daño intencionado. Afortunadamente la mayor parte de los movimientos progresistas han logrado superar prejuicios profundamente asentados, así que tampoco perderemos todavía la esperanza para el movimiento por los animales salvajes.


·         1. Resumen
·         2. Introducción
·         3. El SAS es ordinario
·         4. El SAS no nos concierne
·         5. El SAS es el statu quo
·         6. El SAS es injusto
·         7. El SAS es racionalmente importante
·         8. El SAS carece de intenciones
·         9. En conclusión


Introducción

“Al principio te ignoran, después te ridiculizan, después te combaten, después ganas.” –Atribuído a Mahatma Gandhi

Si un alienígena visitase nuestro planeta, vería extraño que eventos raros como ataques de tiburones capturasen la atención general mientras un problema ubicuo como el del sufrimiento de los animales salvajes (SAS) se ignora totalmente.[i]

¿Por qué es el SAS invisible o irrelevante para la mayoría de personas? Mi esperanza es que, explorando esta cuestión, podamos hacernos una idea de las barreras a las que se enfrenta el movimiento por el SAS y cómo derrumbarlas.


El SAS es ordinario

Nuestros cerebros están programados para preocuparse por lo excepcional. Esto tuvo sentido en nuestros días primarios cuando un fallo a la hora de registrar un repentino cambio en tus alrededores podría conllevar un viaje solo de ida al esófago de un tigre. Nuestros cerebros conectaron con la ecuación novedad-igualdad-relevancia.

Hoy, sin embargo, nuestras mayores amenazas son cosas como una cardiopatía que se desarrolle gradualmente como resultado de elecciones habituales, más que de meteduras de pata momentáneas.[ii] Asimismo, las cuestiones éticas clave hoy en día son sistemáticas, no repentinas.

Piensa en los talleres de trabajo esclavo, las granjas industriales, el narcotráfico y la malaria.[iii] El SAS es todavía más sistemático: no es nada novedoso y no cuenta con un inicio o fin en el tiempo. Es ordinario.

Igual que nuestro antojo evolutivo por los dulces, que una vez nos ayudó, ahora nos ha traicionado, esto sucede con nuestra preocupación por lo excepcional. Tal y como acumular donuts nos hace sentir bien, el mismo efecto nos produce leer acerca de ataques de tiburones o actos de violencia aislados. Pero hacer esto nos da una percepción del mundo sesgada. Por ejemplo, echando un vistazo a los titulares de hoy, es fácil llegar a la conclusión de que hay en el mundo mucha más violencia que nunca. Pero la mejor evidencia sugiere lo contrario: la violencia entre humanos ha descendido dramáticamente en los últimos siglos.[iv]

Asimismo, nuestra preocupación por lo excepcional nos permite ignorar problemas constantes y ordinarios como el SAS. Estas cuestiones nunca o raramente consiguen titulares, y es fácil olvidar que existen o asumir que no importan.


El SAS no nos concierne

Nuestras mentes tribales se interesan por nuestros propios problemas y por los que afectan a aquellos con quienes tenemos relaciones recíprocas (como gatos y perros). El SAS afecta desproporcionadamente a especies de cerebro más diminuto y no mamíferas con las que nunca interactuaremos.

Cualquier nueva forma de pensar que haya desplazado a los humanos (especialmente a aquellos que tienen el poder) de ser el centro del universo se ha encontrado con gran resistencia a lo largo de la historia: el heliocentrismo, la teoría de la selección natural, los derechos civiles, etc.

Del mismo modo, alegar que el SAS sea una seria cuestión ética es una amenaza para la singularidad humana. Señalar en el 2013 que los animales salvajes, no humanos, son el epicentro del sufrimiento en el mundo es blasfemo del mismo modo en que lo era en 1613 señalar que el centro del sistema solar es el Sol, y no la Tierra. Es improbable, por ejemplo, que un americano pudiese ser escogido para un cargo público si insinuase que enfocarse en el SAS merece más prioridad que enfocarse en la violencia armada.[v]


El SAS es el statu quo

El prejuicio del statu quo supone que la gente tenga una preferencia innata por y una confianza en lo familiar, y una aversión al cambio. No hay nada más “statu quo” que la naturaleza. Cuando los animales salvajes capturan la atención casi nunca es para que algo cambie, sino más bien permanezca inalterado, como en el caso de la conservación. Cuando la gente dona a causas por los animales salvajes, lo hacen casi siempre para proteger las cosas como son o regresarlas a como solían ser, mediante, por ejemplo, reponer una especie en peligro de extinción.

La santidad del statu quo explica tanto por qué la gente religiosa percibe el intervencionismo SAS como jugar con la creación de Dios, como por qué los científicos a veces lo perciben como una vulneración de la selección natural. En ambos casos la intuición base es la misma: transgredir los procesos naturales está mal.


El SAS es injusto

La Hipótesis del Mundo Justo es nuestro prejuicio innato de que el mundo es fundamentalmente justo: las acciones nobles son premiadas y las acciones malvadas son castigadas.

Un mundo justo es deseable porque es predecible y seguro. En un mundo justo, nosotros tenemos el control: siempre y cuando sigamos las normas, estaremos bien. 

Este prejuicio explica, por ejemplo, por qué tanta gente culpa al pobre de sus aprietos y fracasa en observar los problemas estructurales que originan la pobreza. También podría explicar por qué la gente trivializa el SAS.

El SAS, después de todo, sugiere que vivimos en un mundo en el cual la mayoría de criaturas nacen para tener vidas de sufrimiento, y no pueden hacer nada para solucionarlo. Incluso si nuestras mentes racionales entienden que el mundo no es justo, su parte emocional necesita que lo sea. Enfrentarse al SAS es enfrentarse a la realidad de que nuestro mundo es inherentemente injusto. Incluso para los más cínicos de nosotros, esto puede resultar escalofriante.


El SAS es racionalmente importante

Cuando hacemos cálculos racionales y utilitaristas, el SAS aflora como un gran problema. Lamentablemente, esto poco significa en cuanto a estimular la preocupación y acción por el SAS porque nuestras facultades analíticas están enormemente separadas de nuestras facultades de empatía. De hecho, se ha descubierto que el pensamiento analítico disminuye la empatía. La investigación psicológica ha hallado que citar grandes estadísticas en la mira de un problema o el número de víctimas tiende a provocar que la gente done y se involucre menos, no más, que simplemente describir a una víctima en concreto.[vi]

El congruente hallazgo en la investigación psicológica es que la proporción importa más que la magnitud a la hora de animar a la acción. Un estudio halló que la gente se sentía más obligada a contribuir a una causa que ayudase a 1.500 de 3.000 personas, que a una causa que ayudase a 1.500 de entre 10.000 personas, a pesar del mismo nivel de impacto.[vii] Alguien podría ayudar a millones de animales salvajes, y aun así estaría ayudando solo a una pequeña parte de ellos.


El SAS carece de propósito

No hay ningún delincuente tras el SAS a quien podamos señalar con el dedo – no hay confabulaciones y no hay propósitos. Mientras que algunos defensores de los animales salvajes proponen que deberíamos personificar a la Madre Natura como una madre abusiva, no hay forma obvia de culpar a nada del SAS. Dado que Brian Tomasik ya estudió profundamente este motivo por el que rechazar el SAS en otro ensayo, yo no entraré en detalles aquí, pero la falta de daño intencional es probablemente una de las razones principales por las que el SAS es ignorado y trivializado.


En conclusión
Criticar a alguien por fallar en tomar en serio el SAS es como criticar a un submarino por no poder llevarte por la carretera de una ciudad. Nuestros cerebros simplemente no están diseñados para que nos preocupemos por el SAS.

Afortunadamente, todavía hay esperanza. Los movimientos más progresistas han superado intuiciones y prejuicios morales profundamente asentados. Por ahora, quería exponer las barreras primarias a las que se enfrenta el movimiento por el SAS, y en una obra próxima, observaré las potenciales formas de superarlas.







[i]  Aunque técnicamente los ataques de los tiburones podrían ser considerados una forma de SAS, si los humanos estuviesen clasificados como animales salvajes.

[ii] Digo “nuestras” aquí para abarcar a la clase de gente que imagino leyendo esto. En algunas partes del mundo, los peligros medioambientales son todavía la mayor amenaza.

[iii] Voy a definir aquí las cuestiones éticas como fuentes de sufrimiento prevenible. Podría parecer sin embargo extraño caracterizar a la malaria como una cuestión moral. En tal caso, vea esta presentación de Peter Singer. Él argumenta que gastar nuestros ingresos disponibles en cosas superfluas que no necesitamos, en lugar de donarlos para salvar a niños de enfermedades tratadas con poco dinero como la malaria, es una estupidez moral, esencialmente igual que no rescatar a un niño que se ahoga en una fuente pública.

[iv] Pinker, Steven. The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined. Penguin Books, 2011. 

[v] No quiero insinuar que este politico estuviese en lo correcto, sino simplemente que su vision sería tan controvertida que resultaría en perder las elecciones.

[vi] Referencias:
·         Small, Deborah A., George Loewenstein, and Paul Slovic. "Sympathy and callousness: The impact of deliberative thought on donations to identifiable and statistical victims." Organizational Behavior and Human Decision Processes 102.2 (2007): 143-153.
·         Small, Deborah A., and George Loewenstein. "Helping a victim or helping the victim: Altruism and identifiability." Journal of Risk and Uncertainty 26 (2003): 5-16.
·         Slovic, Paul. "'If I look at the mass I will never act': Psychic numbing and genocide." Judgment and Decision Making 2.2 (2007): 79-95.
·         Smith, Robert W., David Faro, and Katherine A. Burson. "More for the many: The influence of entitativity on charitable giving." J. Consumer Res. Forthcoming.

[vii] D. Fetherstonhaugh, P. Slovic, S. M. Johnson, and J. Friedrich. "Insensitivity to the Value of Human Life: A Study of Psychophysical Numbing." Journal of Risk and Uncertainty 14 (1997): 283-300. 


Traducido por Alejandra Ainara Hernando.

Alejandra Ainara Hernando